Internacional
Multimillonario hereda parte de su fortuna a un campo de golf, y genera disputa legal
El caso se presenta en New Hampshire (Estados Unidos). La disputa ronda los 4 millones de dólares.

Varios años antes de su muerte en 2002, a los 88 años, Robert T. Keeler redactó un testamento para dejar claras sus intenciones. Su esposa y familia fueron sus principales beneficiarios. También en la lista estaban su secretaria y ama de llaves, una iglesia, un seminario y un centro médico, y el Dartmouth College, su alma mater.

Keeler no nombró una cantidad en dólares para Dartmouth, sino que optó por dejar un porcentaje de su patrimonio, pero sí especificó cómo quería que se usara el dinero: con el "único propósito de mejorar y mantener su campo de golf". Cuando Dartmouth pidió flexibilidad para usar el dinero para otros fines, la familia dijo que no.

Según su “declaración de entendimiento” de 2005, la universidad debía enviar el dinero que no necesitara para mantener el campo de golf a la fundación benéfica Robert T. Keeler, una organización sin fines de lucro que apoya a los niños necesitados. Eso no ha sucedido. La universidad cerró el Hanover Country Club en 2020, alegando afugias financieras, y rechazó la solicitud de la fundación de devolver los aproximadamente 3,8 millones de dólares que quedan.

El desacuerdo desencadenó una disputa legal de dos años y medio entre Dartmouth y la fundación de Keeler, y la Unidad de Fideicomisos Benéficos del Procurador General, que se encarga de proteger las intenciones de los donantes.

Esta disputa a permitido ilustrar los límites de la capacidad de los donantes para controlar sus intenciones caritativas, incluso cuando detallan las restricciones, como hizo Keeler.

Con la bendición de la Unidad de Fideicomisos Benéficos del Procurador General, un juez de un tribunal de circuito dictaminó en febrero que Dartmouth puede quedarse con los 3,8 millones de dólares y usarlos para fines "relacionados con el golf", como el estudio y diseño de áreas de práctica de golf o áreas administrativas y de equipamiento, además de costear los equipos universitarios de golf de la escuela.

El caso está ahora ante la Corte Suprema del estado. La fundación de Keeler ha pedido al tribunal que reabra esencialmente la solicitud de modificación y les dé el derecho de demostrar por qué Dartmouth debería verse obligado a devolver el dinero, pues básicamente ya no tiene campo de golf, la única motivación que había tenido el difunto de heredar los recursos a su universidad.

Tags: Golf
Publicado el 17 de abril, 2023