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El árbol de Augusta National que desafió al Presidente Eisenhower
El mítico y centenario pino del hoyo 17 en Augusta National tejió su propia historia hasta que la naturaleza derribó su mito y dejó en el recuerdo algunas entretenidas anécdotas.

Augusta National, el campo creado en un antiguo vivero por Bobby Jones y Alister Mackenzie, aprovechó muchos de los árboles existentes para delinear la cancha, pero ninguno fue tan famoso como un particular pino de incienso que se ubicaba a 210 yardas de la salida del hoyo 17, por el costado izquierdo.

Era el dolor de cabeza de la mayoría de los jugadores, a quienes se les atravesaba constantemente en su camino dejándolos sin vista al green y con un tiro casi injugable.

Pero nadie se enfurecía más con este obstáculo que un socio en particular, quien había participado en las dos guerras mundiales siendo designado en la segunda “Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas”. Estás heroicas proezas lo llevaron a ser elegido como el Presidente número 34 de los Estados Unidos (1953–1961).

Dwight D. Eisenhower, durante sus años como el hombre más poderoso de Estados Unidos, dedicó parte de su tiempo al golf, pasión que lo ayudaba a aliviar el estrés del cargo. La calma siempre se topaba con un “muro natural” al llegar al hoyo 17 de Augusta donde, cansado de golpear una y otra vez ese pino, aún sin nombre, aprovechó la reunión anual de 1956 del club para hacer una petición con un solo fin: “quiero que alguien quite ese maldito árbol de en medio”.

Clifford Roberts, co-fundador y Chairman del club, levantó la sesión de inmediato sin siquiera discutir el asunto, declarando fuera de lugar el reclamo.

Se dice que Eisenhower insistió durante algunos años en su alegato, pero quien dirigió a dos millones de soldados aliados para vencer a los nazis nunca pudo derrotar aquel árbol que impedía que su drive encontrara el fairway. Lamentablemente para él, luego de ser conocida esta historia, aquel pino fue bautizado como “El Árbol de Eisenhower”.

Así fue como, pese al deseo del Presidente, su nombre y el de su fiel adversario quedaron grabados en la historia y las anécdotas del Masters de Augusta.

Tommy Aaron, ganador del major en 1973 contó que durante una ronda su salida fue directamente al pino y, pese a buscarla, no pudo dar con ella, por lo que tuvo que volver a realizar el tiro. Al siguiente día, al pasar por ahí cayó a sus pies la misma bola perdida.

Jack Nicklaus, pese a ganar 6 Masters, muchas veces cayó detrás del mítico obstáculo y reclamaba “¿Por qué no escucharon a Dwight?”.

Tom Watson reconocía que siempre que pasaba por ahí se tomaba unos segundos para presentar sus respetos.

El 2011 Tiger Woods, al intentar escapar de esta trampa, forzó el tiro bajo de la gran sombra y si bien pudo salvar el par, terminó lesionándose la rodilla izquierda y el tendón de Aquiles, perdiendo 4 meses de competencia.

En las últimas décadas, pese a la llegada de una nueva camada de golfistas cuyos drives superan las 300 yardas y a los cuales el árbol no afectaba, seguía siendo protagonista en las conversaciones al final del Masters.

Lamentablemente, en el 2014, luego de una tormenta de nieve el “El Árbol de Eisenhower” sufrió daños irreparables, cumpliéndose 58 años después el deseo del Presidente de que fuera removido del campo de juego.

 

Finalmente, sólo dos trozos fueron conservados del tronco de más de 20 metros y 125 años. Uno está dentro de Augusta National para ser apreciado por todo el que vaya al campo de golf. El otro fue enviado Kansas, irónicamente, al Museo de Eisenhower, cerrando así de manera perfecta el círculo de una historia en la que un árbol desafió al Presidente de Estados Unidos.

VIDEO SOBRE EL "ARBOL DE EISENHOWER"

Publicado el 11 de noviembre, 2020