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¡Llegó la hora de ir a la escuela…!
Nueva columna de Juan Pablo Álvarez (@jpagolf)
Foto por: Getty Images

Para las súper estrellas del golf mundial estos meses son de descanso, de elegir cuidadosamente los torneos, armar la pretemporada y, para algunos pocos, pensar en la Presidents Cup de Australia. Otros aprovechan los primeros torneos de la temporada 2019/2020 para sumar puntos que a fin del próximo año serán claves para permanecer en la elite del golf mundial.

Pero hay un grupo grande, enorme, de jugadores profesionales que comienzan a desandar un camino sinuoso, cuesta arriba, lleno de obstáculos y al que algunos pocos logran sortear: las Escuelas Clasificatorias para ingresar en los Tours más importantes del planeta. “Es el torneo más difícil de todos, es el padecimiento más grande que tuve dentro de una cancha de golf”, me dijo hace ya unos años un jugador argentino que disputó varias veces la Final de la Escuela del Tour Europeo que se juega a ¡¡¡108 hoyos!!!

Y es exactamente así. Las Escuelas Clasificatorias o Q-School, como ustedes quieran llamarlas, representan un hecho significativo en la carrera de todo jugador profesional para conseguir un lugar en el mundo. Es que un mal hoyo lo puede dejar afuera de una temporada entera y sin una gira para competir. Son miles los profesionales que se reparten entre las distintas opciones que otorga el planeta golf. En Latinoamérica la tendencia fue cambiando respecto de la elección, de la apuesta que hacen año a año. Hace ya varios años que la tendencia fue cambiando, especialmente desde la llegada del PGA TOUR LA. Argentinos, chilenos, colombianos, mexicanos, etc., piensan en Estados Unidos como la escalera para trepar a lo más alto del cielo golfístico. Y eso que desde hace un buen tiempo el éxito de esa Escuela no los deja en el PGA TOUR sino en el Korn Ferry Tour, la segunda gira en importancia de ese país.

Por el contrario, en Europa pueden acceder a la máxima gira si logran sortear una competencia que puede resultar desgastante física, mental y económicamente hablando. Y aunque Estados Unidos es la “nueva opción” para muchos, otros prefieren insistir con el Viejo Continente porque saben que el Challenge Tour es una buena opción para ellos si no logran acceder al European Tour. “En Europa hay un plan B”, dicen.

La apuesta claro tiene su ribete económico: jugar el Q-School del Korn Ferry Tour cuesta 5 mil dólares y la mayoría de los “nuestros” arrancan desde la primera etapa. Para acceder a una segunda instancia deben clasificar entre los mejores 15/18 de cada sede. Lo mismo ocurre en la etapa siguiente para meterse en la Gran Final. La “inversión” puede superar ampliamente los 10 mil dólares y el retorno, para la mayoría, es cero.

Hay cientos de historias emotivas, éxitos y fracasos, momentos inolvidables para muchos y, para otros, la certeza de que el Q-School es una barrera infranqueable. O, simplemente, el objetivo máximo a superar para abrirse paso en un futuro plagado de triunfos. Como le pasó, por ejemplo, a Angel Cabrera, quien recién en el quinto intento pudo llegar al European Tour tras quedar afuera cuatro años seguidos. Después, la historia del Pato es conocida.

Llegó la hora de ir a la Escuela… a “estudiar” entonces…

Fecha: 8 de octubre, 2019
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