Un emocionado Tiger Woods cruzó el Swilcan Bridge y el ‘fairway’ del hoyo 18 saludando a la multitud con su gorra en la mano derecha y una gran sonrisa en su rostro mientras se dirigía al ‘green’.
Fue el último hoyo para Woods en la edición 150 del Open Championship, en el Old Course de St. Andrews, pues falló el corte con rondas de 78 y 75 golpes (+9).
Hubo lágrimas en sus ojos. Sabía que esta podría ser la última vez que juegue de manera competitiva en un Open en St. Andrews: “La ovación en el 18 me llegó”, dijo Woods. “Es muy emotivo para mí. He venido aquí desde 1995, y no sé si seré físicamente capaz de jugar para entonces”, en 2027, cuando el Open regrese a “La Casa del Golf”.
“Sentí que este podría haber sido mi último Open aquí en St. Andrews. Y los fans, la ovación y el calor, fue una sensación increíble. Ellos entienden de qué se trata el golf y lo que se necesita para ser un campeón del Open”, continuó en su charla con la prensa.
Woods, de 46 años, se conmovió especialmente cuando sintió que su caddie, Joey LaCava, y sus compañeros de juego, Matthew Fitzpatrick y Max Homa, se retrasaron para dejarlo atravesar el Swilcan Bridge en solitario. Y luego Rory McIlroy, caminando por el ‘fairway’ del hoyo 1, después de comenzar su ronda, inclinó su gorra hacia Woods. Justin Thomas hizo lo mismo un hoyo antes, al igual que otros jugadores. “Lloré un poco, y no soy de esos…”.
“He tenido la suerte de haber ganado dos veces aquí (en 2000 y 2005), y me sentí muy emotivo, simplemente porque no sé cómo estará mi salud de aquí en adelante. Siento que podré jugar el Open en el futuro, pero no sé si podré jugar tanto tiempo como para hacerlo cuando se vuelva a hacer aquí”, siguió.
Woods dijo que no tiene nada planeado en lo que respecta al golf a corto o mediano plazo. Quizás el Hero World Challenge y el PNC Championship sean sus opciones. “No tengo nada en un futuro cercano. Esto es todo”, cerró.