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El día en que Annika Sorenstam se enfrentó a los hombres en el PGA Tour
Hoy es el cumpleaños de la mejor jugadora de todos los tiempos y aquí recordamos uno de sus grandes hitos, cuando jugó en un torneo PGA.

En los tiempos en que Tiger Woods no se cansaba de ganar y se postulaba para el mejor de la historia. En el LPGA la sueca Annika Sorenstan hacia lo mismo, incluso de forma más brutal y avasalladora.

Venía de sus dos mejores años en su carrera, incluida la única vuelta de 59 golpes de la historia en la gira femenina y en donde jugó 49 torneos, consiguiendo 40 Top 10, con 13 Top 3 y 19 triunfos, lo que indicaba que había un 80% de posibilidades de que su nombre se inscribiría dentro de los 10 primeros al final de un torneo y un 62% de que estaría entre las 3 mejores.

Un dominio que comenzaba a apagar la “chispa” interior que la desafiaba a luchar cada semana. Estaba algo estancada, llevaba 42 triunfos en total (incluidos 4 majors) y buscaba algo que la motivará a mejorar… y una invitación muy especial lo haría.

En febrero de 2003, la nativa de Estocolmo sorprendió al planeta al aceptar la invitación para jugar en el prestigioso torneo del PGA Tour: el Colonial. Se convertiría en la segunda mujer que lo hacía, después de que 58 años antes, una de las fundadoras del LPGA, Babe Zaharias, lo hiciera. Pero ahora era una época distinta, Annika lo llamó su “Everest” pues sólo pensaba salir de su zona de confort para probarse a sí misma, aunque nunca imaginó la repercusión mediática que tendría esta decisión.

Todo ese inicio de año fue enfocado en el torneo y lo primero era adaptarse a las mayores distancias. Ella estaba acostumbrada a campos par 72 de 6.100 yardas, mientras que el Colonial tenía 7.100 yardas y era par 70. Jugó varias vueltas de entrenamiento, incluida una junto a Tiger Woods en la cual hizo +10. Luego, en la vuelta de práctica del torneo, jugó con su compatriota Jesper Parnevik y Sergio García, aunque nuevamente no mostró un buen nivel.

Su caddie, Terry McNamara, comentó hace algunos años: "Annika nunca fue una gran jugadora en las rondas de práctica, pero jugó increíblemente mal ese día", después un trabajador del club comentaba: “Esta golfista no bajará los 80”, lo que fue escuchado por Annika, pero esa semana había decidido no gastar energía respondiendo a las críticas que se hicieron sentir desde el inicio.

Vijay Singh, que finalmente no participó del torneo, había amenazado con no salir al campo si lo emparejaban con Sorenstam. “¿Qué va a demostrar jugando? Ella no pertenece aquí. Es ridículo", había dicho.

El defensor del torneo, Nick Price, afirmó que era un “truco publicitario” y que debería haber clasificado. Incluso algunas compañeras del LPGA habían afirmado que desaprobaban su decisión por poner en riesgo la reputación de las mujeres, si jugaba mal.

Pero también hubo muestras de apoyo esa semana. Tiger la llamó constantemente y Phil Mickelson dijo que “los muchachos piensan que este es el circuito masculino y no lo es. Es la mejor gira, para los mejores jugadores”. Incluso la leyenda del tenis, Billie Jean King, que había participado en algo similar en la “Batalla de los Sexos” de 1973, la aconsejo.

Fue emparejada con dos treintañeros novatos que también entraron por invitación, Aaron Barber y Dean Wilson, y quizás fue lo mejor pues también para ellos la atención era nueva, compenetrándose como buenos compañeros.

Barber que no había tenido éxito alguno, fue sorprendido con un llamado de su agente esa semana. Le comunicaba que saldría con Annika,, que debía asistir a la conferencia de prensa y que obtuvo un acuerdo de patrocinio de sombrero, camisa y bolso. "Cuando nos conocimos, Annika se disculpó por meternos en esto", comentó Barber. “Le dije que no debería sentir pena por mí. Gané más dinero que en el resto de mi carrera", afirmó.

Esa semana el centro del deporte mundial era la menuda número 1 de la gira femenina. Incluso el campeonato tuvo que agrandar la sala de prensa debido a que se triplicaron las solicitudes de credenciales. Para la vuelta de práctica, debió salir escondida para evitar los centenares de periodistas que la seguían a todas partes y el público se hizo sentir desde el camino al tee inicial, tanto en tierra como arriba de los árboles. Toda esta presión la afectó de tal manera que se puso pálida, la voz poco le salía y sus únicas palabras fueron al caddie: “en qué me he metido”. Sin embargo, su primer tiro aterrizo en el medio del fairway, caminó tambaleándose fingiendo un desmayo, soltando una risa y, por sobre todo, los nervios.

En el cuarto hoyo tenía un putter de 4 metros y medio para birdie y lo metió dejándose sentir en todo el campo y, quizás, en todo el mundo. Una gran ovación se escuchó en todo el club.  "Recuerdo haber corrido hacia el green y chocar los cinco con ella. Yo estaba como ¿Acabo de hacer eso? Estoy jugando contra ella”, recordaba Barber, quien al inicio de la vuelta se acercó a Sorenstam para decirle que no estaba sola, quizás por esto lo recuerda como “el birdie más memorable de mi vida y ni siquiera fue mío".

Su único birdie de la ronda y con dos bogeys terminó con 71 para el día (+1). Había acertado 13 de 14 fairways y 14 de 18 greens en regulación, promediando 250 yardas con el drive, casi 20 yardas más de lo habitual.

Camino a entregar la tarjeta se topó nuevamente con el trabajador que había dicho que no bajaría los 80, él se le acercó y le dijo: “Eso fue increíble”, señal inequívoca que se había ganado algunos detractores, pero por sobre todo había conseguido el respeto del mundo y el cariño de la gente, que en un gran porcentaje la eligió a ella por sobre los otros jugadores.

En la segunda ronda no pudo repetir la buena actuación del día anterior, en parte porque arriesgo más de la cuenta intentando pasar el corte, pese a que todo el público continúo alentándola hasta el final cuando embocó un putter de 4 metros para terminar con un par y 74 golpes (+4). Tras caer la bola las lágrimas no se hicieron esperar, McNamara la abrazó y le dijo “si mis dos niñas al crecer tienen la mitad del coraje que tú tienes, yo voy a estar muy orgulloso”.

Annika lo había logrado, soportó la presión de ser el foco de las cámaras y del público, mostrándose a la altura, salvo Tiger, ningún otro golfista ha sentido tal nivel de atención, transformándose en ejemplo e inspiración, no sólo para muchas mujeres sino que para todo el mundo que vio que arriesgarse puede provocar miedo, pero hay que enfocarse en los aspectos positivos y seguir adelante.

Al ser consultada, haciendo la analogía de no pasar el corte con no llegar a la cima del Everest, Annika orgullosa contestó: "No me arrepiento de nada de lo que hice. Estoy orgullosa de la forma en que jugué. He escalado lo más alto que he podido y valió la pena cada paso".

Recibió otras invitaciones del PGA Tour, pero ella siempre supo que era una cuestión de sólo una vez. “Hay una palabra que los vikingos utilizaban, cuando pasaban cerveza, murmuraban "logom, logom", lo que significaba tomar lo suficiente y dejar algo para el siguiente”, así explicaba Annika que para ella era suficiente.

Después del Colonial, Sorenstam ganó 30 torneos más, incluídos 6 majors, finalizando su carrera en el 2008 con un total de 72 victorias y 10 majors. Sin duda alguna, la “Chispa” volvió a encenderse.

HIGHLIGHTS DE ANNIKA SORENSTAM

Publicado el 9 de octubre, 2020