Si los seres humanos tuviéramos la facultad de mirar hacia el futuro… Es quizás lo que pasa por la cabeza de Felipe Aguilar cuando relata su primer encuentro con un tal Rory McIlroy.
Corría el año 2007, y Felipe ingresaba de lleno al entonces denominado European Tour con tarjeta completa tras un brillante paso por el Challenge Tour, con dos victorias. En el verano, Sergio García congregaba a varios de los mejores jugadores del circuito en torno a su torneo benéfico, en Castellón (España), entre ellos el chileno, quien luego conseguiría otros dos triunfos, pero en la máxima gira del Viejo Continente.
Pero ya saben… La juventud de aquellos días traía consigo algo de “soberbia”. En diálogo con #OnlyGolfLive, Felipe relató uno de esos episodios inolvidables: “De los mejores jugadores a los que he enfrentado te puedo mencionar dos. A Phil Mickelson, que tenía una potencia… Una cosa extraordinaria”. Y el segundo dejó una anécdota única.
“Por accidente comprobé la distancia, la fuerza y lo poco que pagaba por Rory McIlroy de aficionado”. Sí, el mismo norirlandés, campeón de cuatro ‘majors’ y de 33 torneos profesionales, actual número 3 del mundo, que por aquel 2007 llevaba risos largos y desordenados, a los 17 años de edad.
“La primera vez que me tocó jugar con él, miro la lista de salida, y yo tenía Categoría 2 en el European, de excampeón, así que siempre jugábamos contra otro de la misma categoría, y de repente miro y está un chico Rory McIlroy, con una (a) al lado, y digo… ¿Yo jugando con un aficionado?
Me di vuelta y fui a la oficina del director del Tour, que era José María Zamora, un español, y le dije: ‘José María, perdona, soy Categoría 2, no estoy para jugar con aficionados. No quiero estar preocupado de si se mueve o no, si me pisa la línea a través de la pelota, o si se para al otro lado del hoyo’, y me responde: ‘Te entiendo, pero por favor juega con él, es fantástico. Yo sé que no lo conoces pero es un gran aficionado, y quiero que juegue contigo porque tú lo vas a acoger, no vas a ser pesado con él’.
‘Quiero que esta es la última vez que me hagas eso’, le dije antes de salir. Ya en el hoyo 2 me di cuenta de que no era un jugador normal. Terminé el hoyo 18 y me fui de vuelta a la oficina de José María, le toqué el hombro y le dije: ‘José María, perdona. Ponme con él todas las veces que quieras, y no te he dicho absolutamente nada. Es un jugador excepcional”, confiesa hoy entre risas.
Tres meses después de ese episodio, McIlroy se hizo profesional. El resto de la historia del norirlandés ya es bien conocida por todos.
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